El ataque a Venezuela es el ataque a Latinoamérica. Es una clara agresión imperialista. Es parte del proceso de intromisión y ocupación dentro de la política regional por parte de la maquinaria bélica y criminal de Trump.
Aquí no hay término medio ni lugar a tibiezas o vacilaciones. El poder imperial vuelve a usar el pretexto de la «defensa de la democracia» para invadir, asesinar y saquear los pueblos del sur con total impunidad y ante los ojos del mundo. Ni es justicia ni es pacificación, es muerte y control geopolítico.
Y aquí ya ni cabe la discusión sobre Maduro (contra quien sostenemos enormes diferencias y críticas frontales), sino la solidaridad militante con la clase trabajadora, en particular, y el movimiento popular venezolano, en general, que se ve agredido y asediado por el fuego reaccionario, bajo la complicidad miserable de los regímenes de ultraderecha de nuestra propia región que cual «felipillos» se ponen a las órdenes del amo imperial.
Hoy es Venezuela, mañana será Perú, Bolivia, Nicaragua, Honduras, México, Brasil o cualquier pueblo hermano. Urge movilizarse en defensa del pueblo venezolano y desenmascarar a todo falso crítico que celebra una invasión como una gran solución a los problemas sociopolíticos internos.
Nuevamente nos toca hacer frente al invasor del norte. Es imperativo poner en práctica el concepto de unidad desde la lucha para cerrarle el paso al belicismo trumpista y sus lacayos en todo el mundo.
¡Fuera yanquis de América Latina! ¡En Caracas, en Gaza, en Cuba, en Lima: No pasarán!