Del arte vecinal al consumo al paso: El avance comercial sobre las estaciones de la Línea 1 del Metro de Lima

Las estaciones del Metro de Lima, que alguna vez sirvieron como vitrinas itinerantes para el talento local, han experimentado una transformación radical en su infraestructura y uso del espacio público. El programa «Arte Vecinal», una iniciativa que permitía a organizaciones culturales y sociales autogestionadas presentar música, recitales, exposiciones y danzas en los pasillos y explanadas del Metro de Lima, ha quedado relegado hasta prácticamente desaparecer tras la pandemia. En su lugar, el paisaje cotidiano del usuario actual está dominado por cadenas de comida rápida, tiendas de conveniencia y módulos comerciales.

Durante los años de vigencia de las intervenciones culturales, los colectivos artísticos distritales debían cumplir con estrictos protocolos de seguridad, aforos y permisos técnicos. Las restricciones solían justificarse bajo el argumento de la seguridad vial y la fluidez del tránsito de pasajeros, evitando cualquier aglomeración que obstaculizara las vías de evacuación o salidas de emergencia. Sin embargo, la configuración actual del servicio muestra un contraste evidente: módulos comerciales y franquicias privadas ocupan de forma permanente espacios de circulación dentro y fuera de las instalaciones.

Estación Bayóvar en el Día de la Lengua Materna, 2017. Foto: Ruricancho

Esta reestructuración del espacio en la Línea 1 plantea interrogantes sobre los criterios de gestión y el modelo de uso de la infraestructura pública:

  • Incongruencia en el uso del espacio: Mientras que a las expresiones artísticas breves —de una o dos horas de duración— se les exigían condiciones rigurosas para no interrumpir el flujo peatonal, las estructuras comerciales fijas ocupan áreas considerables sin que se aplique la misma restricción sobre el tránsito.
  • Priorización del modelo mercantil: La transición postpandemia aceleró la monetización de los espacios de alto tránsito. Las concesiones comerciales generan ingresos directos para la administración del sistema, desplazando las actividades comunitarias que no ofrecen un retorno económico inmediato.
  • Pérdida de valor sociocultural: Para miles de ciudadanos de distritos populosos como San Juan de Lurigancho o Villa El Salvador, estas presentaciones representaban un acceso gratuito y cotidiano a manifestaciones culturales como el rock local, la danza tradicional y la poesía.

Muestra del programa «Arte Vecinal», iniciativa que abría las estaciones a exposiciones itinerantes, recitales poéticos y conciertos en vivo

La conversión de las estaciones en corredores exclusivamente comerciales beneficia el rendimiento financiero de las concesiones privadas, pero reduce la experiencia del usuario a la de un mero consumidor. La gestión de un sistema de transporte masivo no solo implica el traslado eficiente de pasajeros, sino también la responsabilidad sobre el impacto social e identitario de sus espacios. El repliegue de iniciativas como «Arte Vecinal» evidencia la urgencia de reevaluar si el desarrollo comercial debe ser incompatible con la promoción cultural en el transporte público.


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