Horas de lucha en Perú: Entre el quiebre institucional y el desborde popular

El Perú está atravesando uno de sus procesos electorales más críticos en toda su historia. Esta vez asistimos a un periodo de alta polarización que podría definir el futuro inmediato de toda la nación con impactos profundos en materia política, económica y sociocultural. Estamos en medio de una batalla entre dos fuerzas antagónicas con agendas y proyecciones diferenciadas. Por un lado, está Pedro Castillo y el partido Perú Libre que representan a una izquierda descentralista y con arraigo popular, un tanto atípica por ser la conjunción de elementos conservadores en materia sociocultural pero rupturistas con el modelo económico imperante. Y por el otro lado, está Keiko Fujimori y el partido Fuerza Popular que en resumidas cuentas es una maquinaria de ultraderecha, mafiosa y criminal que se ha consolidado a partir del legado de la dictadura cívico-militar de la década del 90 acoplando nuevos elementos de corrupción y criminalidad institucional.

Ambas fuerzas disputaron la segunda vuelta electoral el pasado 6 de junio, con un saldo porcentual a favor de Castillo (50.2%) sobre Fujimori (49.8%) en el conteo rápido propalado la misma noche de los comicios. Estas cifras fueron variando ligeramente a partir del conteo oficial de actas hechas por la propia Oficina Nacional de Procesos Electorales (Onpe), llegando a colocar a la candidata Fujimori en primer lugar al inicio del recuento. Conforme pasaron las horas y los días, la diferencia favoreció claramente al profesor cajamarquino. Y mientras las actas eran procesadas y el resultado reafirmaba la victoria de Perú Libre, desde la otra orilla activaron diversos planes de contingencia para evitar la inminente derrota. Se trabajaron operativos de desconocimiento de los números con argucias como impugnar actas con argumentos insostenibles pero cargados de odio y racismo elitista (buscando eliminar los votos de las regiones del sur y las comunidades originarias que optaron masivamente por Castillo).

La desesperación fujimorista

La candidata de Fuerza Popular hasta este momento sigue empeñada en denunciar un supuesto “fraude sistemático” a pesar de que no hay ningún indicio que justifique tal reclamo, generando, por el contrario, una innecesaria inestabilidad sociopolítica para el país en plena pandemia. Ya la Onpe llegó al 100% de actas contadas dejando como saldo final un 50.199% a favor de Castillo versus el 49.801% de Fujimori. Asimismo, la ley electoral dice que para anular mesas de votación (como piden los abogados de Fujimori), tiene que haber indicios claros de un «fraude», es decir, que los organismos electorales hayan mostrado un comportamiento de flagrante favorecimiento a una de las candidaturas por sobre la otra, algo que claramente no ha sucedido en este caso.

Incluso la propia ONPE desmintió, una y otra vez, las denuncias públicas de supuestos fraudes o manipulaciones de actas. Sin embargo, Fujimori todavía tiene esperanzas de que algunas de dichas actas que está revisando el Jurado Electoral Especial (JEE) sean anuladas, aunque de acuerdo a análisis estadísticos no alcanzaría para voltear los resultados finales. Este primer recurso de impugnación de 802 actas (más de 200 mil votos) que le costaron cerca del millón de soles al fujimorismo (se tiene que investigar de dónde sale este dinero para un acto desesperado) no ha surtido el efecto esperado, por eso se barajaron otras posibilidades de presión como las movilizaciones financiadas con dinero del gran empresariado convocando a bases fujimoristas, aliados derechistas y hordas fascistas unidos en su cruzada “contra el comunismo”. Mientras esto sucede, sigue latente la posibilidad de un golpe en mesa (presión al propio Jurado Nacional de Elecciones a través de un fiscal corrupto en su seno), golpe de Estado a través de un llamamiento abierto y desvergonzado a las Fuerzas Armadas para intervenir y “salvar la democracia” o el pedido de asilo y salida con salvoconducto del país por supuesta “persecución política”.

¿Y por qué tanta crispación en Keiko Fujimori? Recordemos que, en marzo pasado, antes de la primera vuelta presidencial, el fiscal Domingo Pérez presentó una acusación de más de 13 000 folios y pidió 30 años y 10 meses de prisión para la señora Fujimori y otros miembros de su partido, por los delitos de crimen organizado, lavado de activos, obstrucción a la justicia y falsa declaración en procedimiento administrativo (por recibir aportes ilícitos de la constructora brasileña Odebrecht para su campaña presidencial de 2011 y aportes de empresarios peruanos para sus campañas de 2011 y 2016). Además, la fiscalía pidió la disolución del Fuerza Popular. Keiko Fujimori calificó estas medidas como «persecución».

Asimismo, vale mencionar que, como parte de la investigación, la señora Fujimori ya cumplió dos periodos de prisión preventiva, entre octubre de 2018 y noviembre de 2019 y entre enero y mayo de 2020, cuando salió con orden de comparecencia restringida luego de pagar una fianza. Fue por ello, que, durante su campaña presidencial, esta candidata debió pedir permisos especiales al Poder Judicial para viajar dentro de Perú, aunque se mantuvo un impedimento de salida del país, como parte de las condiciones que le impuso la justicia peruana.

Y justamente sobre este aspecto el fiscal Pérez pidió revocar la comparecencia debido a que Fujimori incumplió una de las condiciones de este régimen al comunicarse con testigos vinculados a la investigación. La fiscalía se refiere específicamente a Miguel Torres, miembro de Fuerza Popular y testigo del caso. Pues como vimos en televisión nacional, Torres acompañó en días recientes a Fujimori en una conferencia en la que anunció el pedido de anulación de actas de votación. La propia abogada de Fujimori, Giulliana Loza, admitió que Torres «es testigo» en la investigación, pero espera que el juez a cargo del caso «declare improcedente la petición».

 ¿Quién es y qué propone Pedro Castillo?

Castillo adquirió notoriedad en 2017 al dirigir una huelga magisterial en varias regiones del país, que se extendió por 75 días. Los manifestantes exigían, entre otras cosas, un aumento de sueldos para los maestros peruanos. Tres años después, en 2020, anunció su candidatura presidencial representando a Perú Libre luego de que el líder de ese partido, Vladimir Cerrón, fuera inhabilitado y condenado a tres años y nueve meses de prisión suspendida por negociación incompatible y aprovechamiento del cargo cuando era gobernador de Junín (sierra central del país).

Entonces, el candidato Pedro Castillo fue representando una clara fisura en el establishment nacional. Significó la visibilización y articulación de los pueblos postergados durante siglos. Significó la puesta en marcha de las demandas urgentes de las regiones del interior del país que han sido marginadas y relegadas al ostracismo desde la colonia y aún más con la república que se dijo democrática pero que no solo nunca dejó las alegorías aristocráticas y elitistas, sino que profundizó las brechas racistas y culturales al punto de negarle cualquier derecho ciudadano a los pobladores del “Perú profundo”. 

Desde la época de la reforma agraria de 1969, donde se afectó seriamente a los terratenientes latifundistas, no se veía un odio tan explícito ni visceral de parte de la oligarquía y su resonancia burguesa contra la otredad del mundo rural. Es por ello la polarización galopante que hoy estamos viviendo. Es así que, parece factible la posibilidad de tener por primera vez en la historia republicana a un gobierno de izquierdas que llega por la vía democrática. Frente a esto se han activado todas las alarmas del gran empresariado y sus operadores políticos junto a los sectores más ortodoxos de la elite criolla local que no conciben la sola idea de estar frente a un Ejecutivo no alienado a las variantes de la misma derecha que siempre ha gobernado.

Si bien es cierto, Perú Libre se define como un partido marxista, leninista, mariateguista, su discurso y dimensión política tuvo que amoldarse a ciertos parámetros que la misma institucionalidad burguesa y los límites de la democracia representativa en manos de los dueños del poder, le exigieron. Entre la primera y segunda vuelta, se pudo apreciar una suerte de cambios intempestivos que podrían responder a estratégicas comunicacionales para contrarrestar la intensa campaña macartista de la derecha y sus voceros mediáticos. Sin embargo, existe también el resquemor por la posibilidad de una “ollantización” para terminar siendo un gobierno funcional a la agenda de gremios como la Confederación Nacional de Instituciones Empresariales Privadas (Confiep); la Cámara de Comercio de Lima; la Sociedad Nacional de Minería, Petróleo y Energía; junto a sus aliados transnacionales.

Es así que vimos pasar de proclamas confrontacionales acerca de políticas de nacionalizaciones de los recursos públicos y sectores estratégicos de la economía en clave socialista, hacia moderaciones en tono socialdemócrata para tranquilizar al empresariado con inversión local. Su nuevo jefe del plan económico, Pedro Francke, declaró públicamente que un posible gobierno de Castillo respetaría la autonomía del Banco Central de Reserva, a la que considera de buena labor por su papel en mantener la inflación baja durante más de dos décadas. Asimismo, descartó estatizaciones, expropiaciones, confiscaciones de ahorros, controles de cambios, controles de precios o prohibición de exportaciones. A partir de estos elementos, el plan de gobierno de Perú Libre reafirmó su apuesta por lo que ellos llaman “economía popular con mercados”.

Han reiterado su compromiso con el crecimiento de las empresas y pequeños negocios, en particular la agricultura, para fortalecer su énfasis de reactivación y crecimiento económico con dinámicas inclusivas dentro de una perspectiva mayor por mantener la industrialización y el desarrollo productivo nacional. A esto hay que sumarle sus propuestas de garantizar el derecho a la salud y la educación, aumentando necesariamente el gasto social y los niveles de presupuesto partiendo de impostergables reformas tributarias al sector minero para elevar la recaudación en el marco de una política de sostenibilidad fiscal, con reducción paulatina del déficit público y respetando todos los compromisos de pago de la deuda pública peruana.

Creemos que este aspecto debería conjugarse con las propuestas iniciales de cambio (vía referéndum) de la actual Constitución neoliberal heredada de la dictadura fujimorista, así como el avance histórico hacia una Asamblea Constituyente que involucre activamente al conglomerado de partidos políticos, ciudadanía organizada y pueblos originarios o movimientos sociales, con el propósito de desembocar en un nuevo contrato social que rompa la estructura excluyente que hoy perjudica muchísimo a las grandes mayorías en Perú.  

Minería y pueblos originarios

Según el Ministerio de Energía y Minas, la minería supone el 61% de las exportaciones de Perú y la mayor fuente de ingresos en divisas para el país, lo que explica por qué se trata de un asunto central en el debate público nacional. Por ello, la candidata Fujimori intensificó una campaña artera en las regiones con actividad minera (Arequipa, Cajamarca, Moquegua, Apurímac, etc.) lanzando propuestas francamente populistas e insostenibles como otorgar bonos económicos y prácticamente regalar dinero a los pobladores a partir del canon minero en dichas localidades. Y el resultado le fue adverso, porque fue en estos sectores donde Castillo obtuvo un voto contundente, logrando incluso que en ciertos distritos y comunidades se dieran cero votos a favor de Fuerza Popular.

Fue claro que Fujimori pretendió invisibilizar el permanente panorama de conflictos medioambientales en estas regiones, donde la minería ha significado saqueo y contaminación sistemática contra los poblados aledaños, perjudicando seriamente a la agricultura, la ganadería y toda actividad comercial periférica, así como la vulneración de los derechos laborales y humanos de la masa obrera que trabaja en las minas y que debe soportar jornadas inhumanas y sin una defensa sindical clara por el acoso que mantiene la patronal minera. Y son justamente estos sectores empobrecidos y excluidos del “milagro peruano” que pregona una burbuja de crecimiento ficticio, los que le han mostrado un rotundo rechazo a la candidata del megaempresariado y la corrupción.

Y en lo que respecta a la visibilización de las comunidades originarias en la política nacional, es importante entender este proceso dentro de una dinámica regional que involucra a países como Bolivia, Ecuador, Guatemala, México, Nicaragua, además de Perú, donde se han producido mayores avances (pero aún insuficientes) en la participación política de los pueblos indígenas. Es evidente que las elecciones en Ecuador, Perú y México demuestran que los pueblos nativos son los más interesados en ganar más y mejores espacios de toma de decisiones, al mismo tiempo que también están exigiendo el reconocimiento de sus propios mecanismos de resolución de conflictos. Sin embargo, un informe elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en 2016 (centrado en Bolivia, Ecuador, Guatemala, México, Nicaragua y Perú) dice que dicha participación política sigue siendo baja.

En el caso peruano reciente, podemos ver que las diversas comunidades originarias de los pueblos quechuas, aymaras, waajún, wampis, etc., han dejado a un lado sus diferencias étnicas y ancestrales para avanzar juntos en una misma movilización que exige el cese al racismo y la marginación, además de oponerse al centralismo criollo que hoy representa Keiko Fujimori y su negativa de reconocerles su voto digno por un candidato al que ven como propio, como uno de los suyos. La participación política de los sectores indígenas se está dando a nivel de bases buscando articularse con los movimientos sociales de la ciudad que apuestan por una transformación sociocultural profunda, de rescate de identidades autóctonas frente a imposiciones culturales de ribetes burgueses y fascistoides.

Y este es un claro escenario de confrontación, de lucha de clases y disputa intercultural de hegemonías y contrahegemonías. Lima, como capital del Perú, ha centralizado un panorama de desprecio hacia las regiones. Se ha evidenciado una normalización colonialista que siempre estuvo presente y hoy muestra sus fauces agresivas cargados de revanchismo ante la ola popular que se va consolidando desde las periferias de la urbe. Los elementos en juego y en disputa hoy son muchos, hay una gran responsabilidad en las direcciones políticas que de esto se puedan dar. El pueblo movilizado y en vías a una radicalización por las condiciones objetivas, no permitirá una derechización de Castillo y compañía. Eso lo saben bien.

Unidad para vencer

Como decíamos, estamos atravesando un periodo álgido de lucha a todo nivel. Desde los posibles quiebres dentro del marco institucional hasta su impacto en el desborde popular (con retroalimentaciones permanentes). Nos adentramos a un nuevo ciclo de conflictividad social que deberá marcar el rumbo inmediato y de mediano plazo para definir los destinos del país. Reiteramos que este proceso de empoderamiento y articulación popular traspasa la propia dicotomía entre dos tiendas políticas. Esto excede la confrontación de dos candidaturas y se traslada a la correlación de fuerzas que se vive en el campo y la ciudad y que busca, desde abajo y a la izquierda, recomponer un nuevo tejido social que logre articularse como fuerza y presión para el gobierno entrante.

Siempre estuvo claro que el enemigo mayor fue, es y seguirá siendo el fujimorato y sus aliados políticos. Se sabe, también, que la derrota (por tercera vez consecutiva en segunda vuelta) en las urnas no significa el fin de este espectro político o que por fin se borrará el legado nefasto y reaccionario de Fujimori padre (acrecentado con la hija, hoy cabeza de la mafia). La posibilidad de hacer retroceder a las fuerzas oscurantistas del control del Estado y de la sociedad en general, pasa por la politización a todo nivel con incidencia clara en demandas de mayor envergadura. Hoy Castillo representa un quiebre desde las fisuras de la democracia representativa, pero las grietas reales deben darse desde los movimientos sociales en general y la clase trabajadora en particular, con organicidad política y con criterio amplio para unirse y vencer.

El barrio se pone de pie contra la [K]orrupción

Jornada de lucha de palmo a palmo. Desde las periferias de Lima se gestaron las coordinaciones para la gran movilización contra Keiko Fujimori y su organización «política» criminal y mafiosa. Toda la capital latió a un solo ritmo junto al resto de ciudades del país en una masiva marcha de rechazo al fujimorato.

Y nuestro distrito no podía quedarse al margen de este proceso social. Por ello, desde aproximadamente un mes se organizó la Coordinadora Antifujimorista de San Juan de Lurigancho (CASJL) agrupando a estudiantes y trabajadores, a vecinos y vecinas del barrio, quienes nos autoconvocamos semana a semana para armar vigilias y piquetes en puntos estratégicos para informar a la ciudadanía el enorme peligro del posible retorno de la dictadura fujimontesinista.

Parte de este proceso de organización y unidad fue la movilización que convocó la CASJL desde el Parque Del Maestro hasta la Plaza San Martín para continuar con el largo recorrido por todo el centro de Lima. Nos articulamos y formamos un grupo nutrido compuesto por integrantes del Grupo Paratíteres (batucada), Ni Una Menos SJL, Voto Sin Miedo, SJL en Acción, Movimiento Javier Heraud, Nuevo Perú Culturas, entre otros, quienes hacen parte de dicha coordinadora

Caminamos arengando con entusiasmo y mucha energía. En el trayecto se nos fueron sumando más vecinos a la altura del Mercado de Flores y Piedra Liza (Rímac) hacia Acho, y luego enrumbamos por la avenida Abancay para luego entrar por la avenida Nicolás de Piérola hasta unirnos a la gran masa de pueblo consciente y valiente.

Durante el recorrido destacó el nivel de organización y criterio para mantener el orden y la seguridad interna. Asimismo, nuestro bloque de batucada (jóvenes artistas del distrito) se mostró muy enérgico e incansable hasta el final. Mientras tanto, nuestras banderolas y volantes eran recibidos con efusividad a su paso por las calles del trayecto.

Ya en la marcha general nos hicimos parte de un mismo eco por justicia y dignidad. Nunca bajamos los brazos ni dimos tregua a la difusión de consignas y denuncias desde los megáfonos o desde las gargantas combativas. Ni los apagones a lo largo de la avenida Wilson, ni las provocaciones fujimoristas, ni la poca o nula cobertura periodística de los mass media, nos amilanó. Seguimos caminando convencidos de nuestra lucha y sin temor a las calumnias.

Cabe destacar el espíritu rebelde y contestatario de un distrito con legado histórico que cuando las papas queman siempre se pone de pie. Desde San Juan de Lurigancho le decimos a la Señora K y la mafia fujimorista que ¡No pasarán!

Por justicia y dignidad: ¡Fujimori nunca más!
¡Viva la Coordinadora Antifujimorista de San Juan de Lurigancho!

El grotesco circo de Keiko en Santa Mónica

El Perú entero está siendo testigo nuevamente de un burdo show prefabricado. El «debate» de hoy nunca fue tal. Nació como ironía y terminó siendo una burla con tinte de psicosocial para legitimar un mitin proselitista que toda la prensa está cubriendo en vivo ahora mismo.

Y ahora Keiko habla a su antojo sobre «machismo y respeto a las mujeres», sobre «derechos laborales y respeto a los trabajadores», sobre «familia y defensa de nuestras madres»… ¿Es en serio? ¡Una Fujimori hablando de eso! Y luego invita a Kenji a subir al estrado…

Si Castillo no asistió, lo correcto era suspender todo tipo de evento y listo. Era obvio que se trataba de un circo como preámbulo para un espectáculo grotesco de reafirmación fujimorista y anticomunista. Nauseabundo.

Foto: Perú 21

El evidente encanto de los libros

Existen manías y obsesiones de todo tipo. Existen fijaciones y actos compulsivos que nos definen como personas. Hay apegos extraños y hasta demenciales, otros son intensos y envolventes. Pero ¿cómo describir la maldita costumbre de buscar, rebuscar y adquirir libros con afán punzante? ¿Cómo diagnosticar esa rara sensación de placer desbocado cuando se halla un título casi imposible de conseguir?

Desde las tempranas lecturas de la escuela, donde a veces pasaba más tiempo entre páginas con historias alucinantes y no con «seres reales», sabía que algo duradero me ataría a los libros, quizá como una secuela de complicidad que se prolongaba desde la historias ficticias hasta mis días rutinarios.

Desde que dejé el colegio (y sus rituales monocordes) para asilarme en el tedio universitario, esta extraña ligazón por la lectura fue creciendo. En cuanto caían monedas a mis manos, sabía que debía recorrer los recovecos libreros del Centro de Lima para conseguir algún apolillado ejemplar que me cautive y desconcierte.

Y esta fue la constante hasta hoy. Sumergirme entre cerros de libros empolvados, caminar obnubilado entre librerías antiguas, amando sus joyas escondidas y «odiándolas» cuando sus precios exorbitantes rompían mis posibilidades. Estrechando lazos con compañeros/as de afuera a quienes esperaba impacientemente para ver qué nuevos títulos traían.

Fueron muchas, muchísimas, las veces en que sacrifiqué el dinero del almuerzo por algunos libros hallados al paso. Raro sacrificio del que se disfruta con goce demencial. Y luego a leerlos. A devorarlos de a dos o de a tres, por semana. Recostado y acompañado de chocolates o vino, sentado en el transporte público durante horas, en alguna banca o vereda al compás de algún cigarrillo, entre bocanadas de cerveza, tirado donde sea o como sea (o quien sea), mientras espero a alguien o algo, etc., tantas formas de adentrarse y respirar el aroma de un buen libro y su urgencia por ser comprendido.

Algunos coleccionan discos o juguetes, otros coleccionan ropa o monedas antiguas, hay quienes se llenan de fotos y vídeos, yo prefiero una biblioteca atiborrada de historias e interpretaciones. Creo que en medio de todo, aún en medio de crisis pandémicas de salud o política, nos pueden faltar y fallar muchas cosas, pero que nunca nos falten los libros y el entusiasmo por transformar las ideas en acción militante y trepidante.

¡Feliz Día del Libro!

Foto: Medium

¿A qué juegan López Aliaga y De Soto?

Sucede algo «curioso». Keiko Fujimori está en segunda vuelta, pero ¿el fujimorismo está partido? Me refiero a las otras dos cabezas fujimoristas: Rafael López Aliaga y Hernando De Soto.

RLA ha dicho claramente que «no ve tan de izquierdas a Castillo», «es un tipo provida y profamilia», «tenemos afinidades», «pueden haber puentes» con Perú Libre (PL). Mientras que HDS ha dicho que aún no reconoce a Keiko como la que pasa a segunda vuelta y que «confíemos en él porque sabe revertir aparentes crisis», que «recordemos que en el 90, entre la disputa de un candidato de izquierda y derecha, ganó un outsider de izquierda y gobernó bien (en referencia a Fujimori sobre Vargas Llosa), que «la izquierda no asusta tanto porque pueden madurar y generar confianza y seguir con la inversiones».

Los aliados naturales y obvios de Keiko hoy no tienen reparos en «coquetear» con el demonio de «extrema izquierda» (así le dice la prensa a PL). ¿Por qué? ¿Qué cálculos retorcidos hay detrás? ¿Presiones subrepticias hacia Keiko? ¿Nuevas estrategias derechistas para pintarle la cancha al «outsider advenedizo»? ¿Hay más puntos de agenda en común de lo que vemos o queremos creer?

De todos modos, es un pésimo precedente que la ultraderecha diga, sin ruborizarse, que tiene coincidencias y afinidades con la supuesta «ultraizquierda». ¿Qué lectura a priori sacar de esto?

Perú en la encrucijada

Pedro Castillo de Perú Libre es confirmado para la segunda vuelta. Solo falta definir con quién se enfrentará. Hernando De Soto, Keiko Fujimori y Yonhy Lescano tienen las mismas posibilidades de pasar. Rafael López Aliaga y Verónika Mendoza quedan un poquito más rezagados, pero a la expectativa.

Hay algo claro: ha hablado la otredad, el Perú ninguneado y subestimado. La franja de pueblo que solo cuenta como estadísticas y no como capital humano. Es un voto de rechazo al establishment en general, pero a la vez es difuso y vulnerable.

Por otro lado, pareciera que la figura del contrincante podría inclinarse en favor de Keiko Fujimori. Hay cálculos claros para empujarla hasta la segunda vuelta. Según encuestas, ella perdía con cualquiera en segunda, pero no estaba en el conteo el factor Pedro Castillo, a quien seguramente deben ver como un rival fácil de vencer.

La política no es únicamente lo que se ve o lo que nos dicen que es, sino un entramado de estrategias y artilugios que de pronto puede trastrocar lo que es para imponer lo que quieran que sea.

Composición: Gestión

Fujimorismo nunca más

A 29 años del autogolpe de Estado de Alberto Fujimori, el panorama sociopolítico nacional sigue siendo el mismo —con ciertos matices— que el de inicios de los 90 cuando fue moldeado una dictadura cívico-militar que trastocó la endeble democracia de aquel entonces para imponernos un régimen reaccionario-represivo en lo social y ultraliberal (privatista) en lo económico.

De hecho, seguimos bajo los parámetros del neoliberalismo más descarnado que opera al amparo legal de la Constitución del 93, y que hoy muestra sus secuelas con las opresivas AFP o nuestros sistemas de salud y educación en situación de extrema precariedad.

De aquel autogolpe tuvimos incremento en los índices de criminalización de la protesta popular con sindicalistas, campesinos y estudiantes perseguidos, torturados y asesinados (bajo la excusa de la guerra de baja intensidad antisubversiva).

De aquel odioso episodio tenemos a empresas estatales regaladas al gran capital transnacional que no tuvo reparos en despedir a inmensas masas obreras y desarticular sindicatos o descabezar gremios combativos. De aquel atropello autocrático tenemos políticas criminales de esterilizaciones forzadas contra mujeres pobres o indígenas.

De aquel 5 de abril del 92 tenemos la intromisión sistemática de una maquinaria megacorrupta de control absoluto de todos los poderes del Estado y la compra de consciencias cívicas (oposición política, prensa, etc.) para secundar a la dictadura. De aquella maniobra fujimontesinista obtuvimos paquetazos legales antilaborales y proempresariales.

El autogolpe vino a legitimar el mecanismo asesino de escuadrones de la muerte paramilitares y parapoliciales. Y no es que antes de Fujimori la vida haya sido color de rosa, pues desde Odría, Belaunde, García, etc., se ensambló y fortaleció una estructura macartista de defensa de los intereses oligárquicos y terratenientes para lotizar el país y sus recursos naturales para venderlos a corporaciones de la muerte.

Hoy heredamos un país en crisis, con instituciones copadas por agentes del régimen de turno, con servicios públicos paupérrimos y con leyes de espaldas a las demandas sociales, y que gobierno tras gobierno, la estructura estatal solo apunta a la defensa del modelo económico en contra de las grandes mayorías.

Mientras sigamos con esta Constitución fujimorista, serán inocuas las acciones contra la mafia encarnado en el partido naranja de hoy. No basta con Alberto Fujimori y su hija Keiko detenidos o procesados (cada quien con su propio show mediático), no basta con las pruebas que salen a luz y que sindican a los cabecillas fujimoristas como vulgares lumpenburgueses criminales; es necesario agudizar la presión social hasta derrotar a todo rezago de fujimorismo (López Aliaga, De Soto, Forsay, etc.), a sus defensores y sus falsos críticos.

¡Por justicia y dignidad, Fujimori nunca más!

(Foto: GEC Archivo Histórico)

¿Perú al borde del abismo?

Según IEP e Ipsos, cambia ligeramente el panorama de la preferencias a una semana de las elecciones. El principal beneficiado es Hernando De Soto, pues en ambas está en seguna ubicación y pasaría a segunda vuelta o con Fujimori o con Lescano.

A pocos días, esta parece ser la tendencia real (claro que hay que tomar en cuenta el margen de error, los votos escondidos y los indecisos). Y ya no solo es preocupante, sino que genera una alarma mayor. De Soto representa una de las cabezas de la bestia fujimorista, con sus propios agregados reaccionarios.

Esta vez no es simplemente la derecha en campaña (con su afán neoliberal pero «democrático» burgués), sino que es la ultraderecha (con su agenda ultraconservadora, agresiva y fascistoide) la que acecha por varios frentes. Se juegan más de una carta. Se sienten ganadores y se relamen las fauces.

Lo que ocurra esta semana será determinante. Estos días serán sangrientos. Ir al todo o nada, al matar o morir, si se quiere profundizar esta tendencia reaccionaria o revertirla urgentemente. No es poco lo que está en juego. Incluso no es únicamente un tema nacional, pues a nivel regional también hay disputa de hegemonías, y esto repercutirá directamente en Perú.

Último tramo picante

Según esta encuesta, hay una pequeña caída de Lescano y un estancamiento de López Aliaga, mientras que Mendoza, De Soto, Fujimori y Forsyth tienen un crecimiento ligero en algunos casos y notable en otros. El punto más llamativo es el de Castillo que se mete en una ubicación más expectante, sobrepasando a candidatos muchísimo más mediáticos y con poder económico como Urresti y Acuña.

Es cierto que cada encuesta (sobre todo las más «confiables») solo muestran el momento y las tendencias y no determinan el resultado oficial, pero ya nos van dando un indicativo claro de cómo se enfrentará el último tramo de campaña. El gran conglomerado de la prensa (Grupo El Comercio y aliados) no desean a RLA en el poder por considerarlo un extremista de derecha que colisionaría con los intereses de la derecha liberal, por lo tanto seguirán sacando denuncias en su contra. ¿Esto está bien o no?

Sí, claro. Pero el imaginario popular percibe cada crítica a RLA como una pataleta de la «prensa mermelera» y se muestran curtidos contra cualquier denuncia (los debates tampoco interesan). Peor aún, dibujan una falsa dicotomía entre López Aliaga vs «grupos de poder», cuando es claro que dichas rivalidades son ficticias y a la hora de la defensa del modelo económico y la Constitución cierran filas sin chistar.

La prensa mayoritaria y oficialista también hace sus cálculos y pondrá el arsenal en candidatos «más de centro». Por ello, veremos estos días mayor apoyo y cobertura a Forsyth y De Soto. Poco importa si ambos candidatos llevan a fujimoristas recalcitrantes en sus listas o equipos, pues son percibidos como candidaturas «técnicas y modernas» que calzarían en los tejes y manejes del neoliberalismo defendido por los grupos de poder y sus cajas de resonancia en la prensa.

Lescano les debe parecer muy «izquierdoso» (¡qué ridículo!) y verán la forma de seguir pinchándolo. Que no nos sorprenda que estos días salga algún destape bomba o denuncia reloaded que termine por tumbarse al candidato de Acción Popular. O por último, procurar que pase a segunda vuelta con alguien con quien claramente podría (y debería) perder.

Y respecto a Verónika Mendoza, veremos un mayor nivel de violencia en su contra. Ahora sí saldrá toda la artillería pesada para insistir hasta el delirio en factores como «Venezuela, comer tres veces al día, terrorismo, miseria, atraso», etc. Si la prensa se asusta con RLA, con Mendoza sienten el verdadero terror (no deberian, no hay motivos) y por eso la tratarán como piñata (al final, está claro que el neoliberalismo reaccionario prefiere al fascismo antes que a la socialdemocracia).

Lo de Castillo es meritorio y positivo, pues ha logrado calar a partir de un proyecto y discurso más claramente apoyado hacia la izquierda. Los grupos de poder y sus tentáculos mediáticos ya lo tienen mapeado y le permitirán subir y aparecer en sus medios según sus cálculos (quitarle votos a Mendoza) pero jamás tolerarán que suba un poco más. Les desagrada profundamente la sola idea del provinciano outsider antisistema.

Así las cosas, tendremos unos días más sangrientos y entretenidos. Ahora mismo todo mundo empieza a hacer sumas y restas para ver cómo se llegará al 11 de abril y de qué manera reacomodarse en el «nuevo» escenario político poselecciones.

¿Unidad de izquierdas? ¿Dónde? ¿Cuándo?

La unidad de las izquierdas en Perú es una quimera. Y conforme avanzan los años, pasa de utopía a pesadilla. Ahora hay una desesperación evidente por exigir renuncias en beneficio de proyectos «con más posibilidades». Esto desde un aspecto formal y superficial puede ser «positivo» o «táctico», pero si se analizan las cosas desde un ángulo más estratégico se desnudan serias falencias y pragmatismos que agrietan más las cosas.

La historia enseña que las alianzas deben darse antes de iniciado un proceso sociopolítico o que si forja una posible unidad en plena marcha, pues debe darse sobre criterios igualitarios y viables para todas las partes ante el enemigo común. Y aquí es donde desde Perú Libre y Frente Amplio muestran serias reticencias para bajar sus banderas y levantar las de Juntos por el Perú.

Hay capital humano y esfuerzo militante en cada lado que no pueden cuantificarse como simples cifras porcentuales de sumas y restas. Hay enormes recelos, desconfianzas, brechas, discrepancias y rupturas entre las partes (que no pueden soldarse sobre la base de proselitismos coyunturales). Y, lamentablemente, mientras más se acerca el 11 de abril, todo llamamiento de «unidad» puede ser visto como aprovechamiento oportunista o intransigencia caudillista.

Lo cierto es el debilitamiento de estas izquierdas formales (electorales y cortoplacistas) que en conjunto se alejan del conglomerado derechista que hace cálculos para una segunda vuelta. Una vez más, los errores y limitaciones vendrían desde adentro de las propias izquierdas que pululan entre discursos propios y desconectados del vaivén complejo del populacho que se decanta por populismos de ultraderecha al verse huérfanos de paradigmas orgánicos izquierdistas (de masas) reales de cambio social.