En medio del bullicio característico de la estación Pirámide del Sol, un nuevo e inesperado residente ha captado la atención de los miles de transeúntes que cruzan a diario el distrito más poblado de la capital peruana. Se trata de un león monumental de casi tres metros de altura, una escultura viva que marca el inicio de una ambiciosa transformación estética en San Juan de Lurigancho (SJL).
Esta intervención no es un hecho aislado. Forma parte de una estrategia integral de la municipalidad para este 2026, que busca «poner en valor» los espacios públicos a través del arte topiario: la disciplina de dar formas artísticas a las plantas mediante la poda ornamental.
El proyecto contempla una ruta de «hitos verdes» que se extenderá por zonas clave del distrito:
- Zárate y Campoy: Sectores con alto flujo comercial y residencial.
- Caja de Agua: Puerta de entrada al distrito.
- La Alameda Canto Grande y Mariscal Cáceres: Puntos neurálgicos de la vida social de SJL.
Cada escultura tendrá una identidad propia, diseñada para convertir plazas y alamedas en puntos de encuentro que fomenten la convivencia ciudadana y el uso recreativo del espacio, alejándose de la imagen de «zonas de paso» para convertirse en destinos de esparcimiento familiar.
¿Sostenibilidad o adorno pasajero?
El gran interrogante que surge ante estos proyectos es el mantenimiento. La técnica del topiario requiere un cuidado meticuloso y constante; sin riego programado y podas técnicas, estas figuras pierden su forma y vitalidad rápidamente.
Desde el gobierno local aseguran que el despliegue será progresivo y que cada punto contará con un equipo de conservación dedicado. El objetivo final es claro: que el león del Parque Metropolitano y sus futuras seis contrapartes dejen de ser una novedad visual para convertirse en símbolos de una nueva identidad barrial que prioriza el entorno urbano y el cuidado del medio ambiente.






