Los antiguos pobladores de San Juan de Lurigancho

San Juan de Lurigancho es el nombre del distrito capitalino más poblado del Perú. Sin embargo, hoy en día, es muy poco conocida la historia de ocupación de este espacio que hoy se encuentra definido por modernos linderos territoriales.

Pero, ¿desde cuándo vive el hombre en estas tierras? y ¿cuáles son las características geográficas que definen este territorio? ¿Dónde podemos encontrar las respuestas a estos cuestionamientos que resultan fundamentales al momento de procurar la comprensión de estrategias en el manejo territorial?

Dos unidades geográficas fueron el escenario elegido para la configuración territorial de lo que hoy día es el distrito de San Juan de Lurigancho:

  • Quebrada Canto Grande 
  • El valle Bajo del Río Rímac

No obstante  sí quiero poner llamar su atención sobre 3 elementos que resultan fundamentales:

  • Presencia representativa (en cantidad) de zonas donde subsiste el tipo de ecosistema denominado  “loma costera”
  • Existencia de un canal prehispánico que forma parte del Sistema de Irrigación del Valle Bajo del Río Rímac
  • Ubicación estratégica que permite el acceso controlado hacia importantes zonas inter y altoandinas

Hasta este punto no nos hemos referido al tema en que se inserta esta relevante caracterización del medio geográfico, pero sí hablamos de un proceso histórico de ocupación. Los tres elementos arriba mencionados sirven para explicar esto último.

1. Las lomas. ¿Qué importancia tuvo su presencia en este escenario? La evidencia arqueológica nos ayuda a recrear un poco la temprana presencia de aquellos hombres y mujeres errantes que buscaban abrigo y comida cerca de los valles de Lima hace aproximadamente 10 000 años. Algunos de estos llegaron hasta la ribera del Río Rímac a buscar su sustento.

Además de los productos obtenidos de los ríos y mar, ¿qué otros espacios procuraban recursos de sustento para estos primeros “pobladores”? : Las lomas, porque allí crecen plantas comestibles (o semi-comestibles), son además el hábitat de numerosas especies de animales, y son además zonas que podrían convertirse en zonas de resguardo y abrigo ante el frío y las posibles amenazas.

En Lima, una de las primeras aldeas “sedentarias” se ubica en una zona de lomas, en Chilca – Lurín, donde también se halló temprana evidencia de prácticas ceremoniales, espacios de uso doméstico y restos de los primeros experimentos agrícolas, hortícolas para ser más precisos. El inicio del proceso de sedentarización se asocia perfectamente al uso probablemente intensivo del recurso de lomas.

2.- La gente que comenzó a asentarse en esta zona también pudo notar que este tipo de recursos ya no servía para la cantidad de grupos y familias que empezaron a surgir aquí mismo. En algún momento de este proceso, cuando hubo ya surgido el centralismo y la “organización social” comenzó a complejizarse de tal forma que comenzó a surgir con esto la capacidad de administrar el trabajo físico, organizado y tributario.

Es para ese momento que se hace posible el desarrollo de una obra de ingeniería hidráulica que cambiaría la configuración de este espacio: la construcción del canal prehispánico que posibilitó la irrigación de un vasto territorio sería aprovechado para la actividad agrícola hasta poco menos de 50 años.

3.- Un espacio con amplio potencial productivo siempre es atractivo para los grupos sociales más complejos, organismos estatales que buscarán expandir su poderío cubriendo áreas que resulten oportunas a sus intereses político – económicos. Ahora poco se analiza con mucha más atención la compleja situación vial que sirvió a estos organismos estatales en sus propósitos expansionistas (que involucran a su vez fines diversos: administrativos, religiosos, etc.).

El territorio luriganchino no fue ajeno a estos fines, sino que permaneció integrado a redes camineras (como el Qhapaq Ñan) que permitían el acceso -desde esta zona- a otros importantes territorios ubicados en las zonas inter y altoandinas.

Estos 3 elementos fueron cruciales en cada etapa de desarrollo del proceso ocupacional del territorio hoy conocido como San Juan de Lurigancho, mas resulta necesario comprender algo más sobre la evidencia material abordada por las investigaciones desarrolladas durante las últimas décadas. ¿Qué tipo de información nos han proporcionado?

TESTIMONIO DE OCUPACIÓN: EL PATRIMONIO ARQUEOLÓGICO DE SAN JUAN DE LURIGANCHO

Los siguientes puntos, presenta la evidencia monumental, es decir evidencia materializada en antiguas edificaciones que son parte del testimonio de algunas de las actividades aquí desarrolladas en distintas etapas de la época prehispánica.

  • Pre-cerámico Inicial (10 000 a. C. – 900 a. C.)

Cerro Lurigancho y la evidencia hallada en Cerro Colorado indican que para épocas muy tempranas existía un culto y respeto a ciertos elementos importantes del entorno. Para épocas más tempranas es posible hallar evidencia utilitaria asociada al tipo de economía extractiva desarrollada en y cerca de las lomas.

  • Periodo Inicial (900 a. C. – 200 a. C.)

Se reconoce en la arquitectura edificaciones con planta en “U”. Para investigadores como Lumbreras es la última fase de este periodo que comienzan a surgir algunas características de las posteriores sociedades estatales. No obstante, Caral presenta patrones similares desde por lo menos 3000 años antes. Para esta época en nuestra zon empieza a gestarse la obra hidráulica que permitió la transformación del territorio.

  • Horizonte Temprano (200 a. C. – 200 d. C.) Cultura representativa: Chavín

Existe uno o más edificios administrativos estatales que centralizan, direccionan y operativizan actividades que para entonces comienzan a ser especializadas. En torno a estos espacios se emplazan aldeas. Para esta época existe en algunas zonas material denominado chavinoide, es decir de “tradición Chavín”, por lo que se cree existe un fuerte crédito o apego ideológico religioso hacia lo que Chavín representaba en casi toda el área andina.

  • Intermedio temprano (200 d. C. – 600 d. C.) Culturas Moche, Nasca y Lima.

Aldeas muy densas que ocupan zonas específicas para el control de recursos. Sus centros administrativos adquieren características particulares que constituyen elementos identitarios. El manejo del valle es ya intensivo. Para esta época existe en Lima la primera capital prehispánica: Maranga

  • Horizonte Medio (600 d. C. – 1000 d. C.) Imperio primigenio: Imperio Wari

A esta época se atribuye la construcción de las redes camineras más antiguas. Cerca se ubicó el imponente centro de Cajarmarquilla. Pachacamac adquiere importancia en Lima.

  • Intermedio Tardío (1000 d. C. – 1476 d. C.) Ischma – Cultura Chancay y Chimú

Época de apogeo de Mangomarca, capital de la sociedad establecida en esta zona del valle. Algunas fuentes bibliográficas refieren la existencia de un curacazgo denominado Ruricancho, el cual formaría parte del señorío Ischma.

Sitio Arqueológico Mangomarca. Foto: Julio Abanto (2016)
  • Horizonte Tardío (1476 d. C. – 1532 d. C.) Inca

Campoy y Canto Chico son 2 edificios administrativos construidos estratégicamente por el Estado Inca, para posibilitar el control y administración de los numerosos recursos producidos (o extraídos) en la zona. La presencia de un segmento del Qhapaq Ñan en Campoy, muy cerca de la ribera del río, nos invita a reflexionar sobre la necesidad de había de integrar este territorio al poderío incaico.

Sabido que las huestes de Pizarro llegan a Lima el año 1535. El área de nuestro interés (lo que es hoy San Juan de Lurigancho) se ubica a ¼ de legua de la Plaza de Armas de Lima. No se hace difícil imaginar que debió ser el poder acceder a una importante y cercana zona de producción agrícola.

SAN JUAN DE LURIGANCHO: INTEGRACIÓN SOCIAL DE UN TERRITORIO DIVERSO

Lo que es hoy San Juan de Lurigancho es gracias a lo que fue en la época previa a la llegada de los españoles. O por los menos fue así hasta hace tan solo 50 años. Esto significa tan solo que aquello que nosotros reconocemos como nuestro hogar, hace solo 50 años, tenía un aspecto similar al de la fotografía.

Quebrada Canto Grande en proceso de urbanización. Foto: Jorge Alvarez-Calderón (1961)

Los luriganchinos heredamos un espacio productivo e integrado que construyeron para nosotros quienes nos antecedieron, ¿Qué pasó, entonces?

La evidencia más clara de la importancia de este territorio se localizó hasta ahora poco en El Pueblito de todos los Santos de Lurigancho, ¿alguien sabe dónde se ubica?

Así es, El Pueblito, la capital histórica de nuestro distrito es testimonio de un suceso histórico acaecido todavía en el siglo 16. La fundación de El Pueblito no fue un episodio alegre para quienes habitaban la zona. El Pueblito de Todos los Santos de Lurigancho es el nombre que adquirió la reducción indígena confinada por los españoles hacia esta zona. Esto significa que pueblo enteros fueron desalojados y destinados a este reducido espacio.

Este acto fue hecho por la corona española con la finalidad de apropiarse de las tierras del fecundo valle (desestimando a la vez la zona de quebrada, porque no comprendieron ni encontraron utilidad para la misma) y no bastó con eso pues además aprovecharon la mano de obra de los indígenas que sobrevivieron a tamaño abuso.

¡Nuestros vecinos predecesores no solo fueron excelentes constructores y gestores territoriales, fueron valientes defensores de sus tierras y de su herencia! Nos legaron un rico territorio que no hemos sabido aprovechar de la mejor manera.

Luego, estos mismos terrenos agrícolas pasaron a manos de los grandes hacendados y terratenientes. Y nunca más volvieron a manos de sus legítimos dueños. Hacia mediados de siglo una Lima fría y ajena comenzó a ver con cierto desdén a poblaciones enteras que comenzaron a migrar desde el interior del país. Esta  situación trajo como consecuencia el abandono de tierras otrora utilizadas para la agricultura y la discriminación y total desorientación de las jóvenes poblaciones asentadas aquí.

Los años 80 y 90 no sirvieron para atenuar la complicada situación de las poblaciones. El desorden, caos, desinterés y corrupción de las autoridades solo condujeron a agravar el problema de territorialidad. Se nos hizo creer que este espacio, alguna vez ocupado por migrantes que interactuaban con las poblaciones primigenias venidas de otros espacios del ande, no nos pertenecía; y nosotros respondimos con desdén alterando (no para beneficio nuestro) un espacio que consideramos ajeno.

Nunca estuvimos solos. Jamás fuimos una isla. Nuestro espacio estuvo desde siempre integrado con otras zonas del ande costeño y cordillerano.

¿Para qué nos sirven los espacios de memoria que nosotros llamamos patrimonio cultural?

Como hemos podido ver, no se trata solo de ver o conocer sitios o ruinas arqueológicas, se trata de conservar espacios que nos ayuden a pensar siempre en las potencialidades de “nuestra casa” y del trabajo organizado. Se trata de educar con claros ejemplos, de rescatar nuestras múltiples identidades y de propiciar respeto a las mismas y fomentar valores que nos permitan un dominio armonioso de la naturaleza y del medio, para que eso nos sirva de puerta de escape que nos ayude a salir de nuestros problemas más profundos. Ese debe ser el sentido verdadero del término “patrimonio”.

¿Para qué sirve el patrimonio?

El espacio de memoria que nos deja tantas enseñanzas prácticas debe ser no solo valorado sino preservado de todo peligro. Hasta aquí estamos claros en que cuidar al patrimonio significa cuidar  nuestra escuela práctica.

En ese camino, ¿qué podemos aprender?

  • Fortalecer la organización de la comunidad para la toma de decisiones
  • Proponer mecanismos provechosos de zonificación del territorio, lo cual permitía un ordenamiento del mismo, para beneficio unidades familiares, colectivos y de la sociedad en pleno.
  • Establecer mecanismos de control y fiscalización en el manejo de espacios (incluidos los de uso público, como son los propios espacios de memoria)
  • Generar espacios que puedan convertirse en lugares educativos vivos, donde además se fortalezca la identidad, respeto y la sana convivencia.

El patrimonio no debe permanecer aislado, porque de hacerlo deja de ser patrimonio, este debería estar integrado como parte esencial de las vivencias diarias de las personas y las comunidades. Su gestión debe ser participativa y respetuosa de las múltiples identidades particulares y debe a la vez ponerse al servicio del propósito de constitución de una identidad general.

Bibliografía